Hace 2 años me en rumbé hacia un destino poco conocido, San José. Motivado por la aventura, la búsqueda de conocimiento, el deseo de explorar mas allá de mis propias barreras, convivir con amigos de toda la vida y descubrir aun mas del estilo de vida del costarricense. De esos 2 años traigo conmigo un carro lleno de chunches, recuerdos anécdotas y sustos.
San José te llena de cultura, de esparcimiento y de emociones. Te quita la paz, pero te entrega conocimiento, Te sumerge en su letárgico estilo de vida, donde por más que corras, siempre habrá un bus, una presa, o una fila que atrase tu camino. San José te pone a escoger entre calles inseguras o calles atestadas de vendedores ambulantes, con sus sonoros gritos que le ganan a la vos de cualquier roquero. Es una ciudad, limpia cuadra por medio. Insegura esquina por esquina y hermosa edificio por edificio. Una ciudad donde cuando llegas a casa, no aguantas las rodillas de los incómodos asientos de bus, no aguantas el cuello de sus frenadas y aceleradas súbitas, mientras tratas de dormir tranquilamente bajo el aroma de todos los que viajan de píe. Donde las manifestaciones colapsan en segundos las vías y no queda mas que irse de romero hasta la casa. A pesar de sus dolores de cabeza, no puedo negar que le encontré el gusto y el ritmo a la ciudad capital, pero viniendo de una zona como San Carlos, me hace desear que muchas cosas de San Carlos se vayan a San José y viceversa.
Deseo que en San Carlos hayan tantas manifestaciones culturales, estatuas y monumentos de los cuales identificarse y fortalecer esa identidad sancarleña que vibra cuando se canta nuestro himno cantonal en el pequeño pero poderoso Estadio Carlos Ugalde. Deseo que San José aprenda de los sancarleños su forma única de saludar – oup! Pura vida-pura vida. Su trato y su alegre sonrisa. Desearía que cuando salga un sábado en la tarde a caminar por el parque, estén nuestros músicos locales amenizando el atardecer con música, propia o copiada, da igual, pero que sepamos que son nuestros artistas ahí. No los peruanos con sus flautas y canciones repetitivas.
Luego de 2 años en la capital, debo reconocer que San Carlos es y será por siempre mi verdadero hogar. Sin importar cuantas hermosas ciudades y pueblos de este país haya conocido, cuando pienso en donde esta mi corazón, siempre diré que en San Carlos. No por mi familia, ni amigos, sino por que veo a mi pueblo una joya, y a cada sancarleño como una lima que lo va puliendo y puliendo hasta su total perfección.
Muchas cosas pasaron en estos 2 años. Desde gente que llevaré por siempre conmigo, como gente que te roba el alma y la machaca a golpes, Aguaceros, enfermedades, amores, desamores, robos, tachas y accidentes, siempre bendecido por Dios y su poderosa presencia. Aprendí a conocerme mejor y a quienes nos rodean, ver con malicia a quienes te muestran sus uñas y abrir el corazón a quienes se lo ganan con meritos propios. Pero sobre todo a entender a este hermoso país que a pesar de todo sigue siendo encantador y prometedor, claro por su gente e historia, nunca por su burocracia.
Se que 2 años es muy poco tiempo. Pero este tiempo marcó y cambio mi forma de pensar sobre la capital y sobre todo sobre mi Ciudad Quesada. Ahora que regreso a mi tierra bendita, sé que será para devolverle todo lo maravilloso que me ha dado. Y que las lecciones de vida, quedan por siempre en cada uno, para crecer, fortalecer y jamás defraudar nuestro corazón.
Gracias San José por sus historias y gente maravillosa. Gracias San Carlos por abrirme tus puertas una vez más.
José.



