Los vehículos apenas avanzan, algunos conductores pitan como si fuera el turbo el auto fantastico y con eso pudieran saltar sobre los otros carros. Los buses llenos de gente hasta la ilegalidad maniobran de forma salvaje y sus pobres pasajeros, si van sentados en el asiento de adentro son apretujados por la masa casi fusionada de cuerpos sudorosos, mientras que si van en el asiento de afuera tendrán el privilegio de sentir el roce de una entrepierna o de un trasero en el hombro.
Esta es la experiencia cotidiana de la hora pico en la GAM, es lo que por tele llaman el caos vial, producto de la mala planificación de las carreteras y de que el tico se crea “muy gato pa manejar”.
Hay rutas que son legendarias, UCR – Heredia por ejemplo, la cual padecí en carne propia por casi un año, donde todas las leyes del espacio y tiempo parecen romperse pues durante el viaje el tiempo se detiene, se pliega, se adelanta y se retuerce para transformar un viaje de 40 minutos en una tragedia griega que oscila entre la hora y la hora y media.
El truco, en la GAM es vivir cerca de donde se bretea o se estudia, lo se ahora que vivo a 3 minutos de la UCR y a la hora pico camino tranquilo y cruzo calles imposibles a cualquier otra hora.
Es una maravilla cruzar entre filas de automóviles y buses detenidos sin tener que precocuparme por ser repellado o por que me tiren un pedo en la cara.
Para quienes no tienen esta suerte, este es su espacio de desahogo: adelante, cuéntenme como es viajar a casa en la GAM a hora pico.


