Cabalgatas
Por: Jose Gregorio Soro I 5 Mar 2009
El sol se adueña de la llanura y los caballos de los campos. Las largas jornadas de lluvia se alejan de a poco y, con ello, las comunidades realizan sus festejos.
Los pueblos encuentran en sus fiestas, normalmente de sábado y domingo, la oportunidad perfecta para realizar actividades que convocan mucha gente; cosa que les permite recaudar fondos para proyectos comunales. De las fiestas han salido recursos para aceras, escuelas, acueductos, etc.
En la dinámica de las fiestas de pueblo, hay varias actividades relacionadas con animales que son importantes fuentes de ingresos: corridas y cabalgatas. De las corridas mucho se ha hablado en tiempos de chinamos, malacrianzas y chirriches. Acá entraremos un poco al mundo de las cabalgatas.
Recorridos a caballo, en grupos liderados por varios guías locales, por potreros, caminos y bosques; todo en el marco de alguna celebración de pueblo y en un escenario de elementos culturales alrededor de los equinos: esas son las cabalgatas.
Entorno a anuncios eficientemente divulgados en afiches o de boca en boca, cientos de personas acuden religiosamente a las cabalgatas. Para comunidades del norte de Costa Rica, quizá sean el equivalente más reciente de los salones con patines para los más jóvenes o de los grandes bailes para los de juventud acumulada.
Ir a una cabalgata es todo un ritual. La ropa utilizada evoca a la imagen del vaquero jovial e inteligente que mantiene su elegancia incluso en el trabajo: sombrero, camisa de cuadros, jeans, faja de cuero y botas. Ese es su arquetipo por excelencia, quizá influenciado por los comerciales de una marca de cigarrillos o por las películas Western. Valdría casi lo mismo para referirse a las vaqueras y su vestimenta. En realidad, las variaciones se dan en tanto se modifican un poco las características anteriores o la incorporación de nuevos elementos.
El celular, los lentes oscuros y los vasos o botellas, generalmente con licor, son también comunes en esta versión del vaquero costarricense. Para muchos, específicamente para los citadinos que visitan las cabalgatas, quizá sea la única oportunidad de andar a caballo, actividad, por el contrario, muy normal y cotidiana para la gente de campo.
Normalmente la organización cobra una tarifa que incluye la comida y unas cuantas bebidas. Por ello, los cabalgateros pagan entre 15 y 20 mil colones entre inscripción y caballo, en una jornada no menor a 3 horas y que asegura un paseo combinado con fiesta. La música ranchera (léase Vicente Fernández), los camiones cargados de caballos, los brazaletes, el número en la espalda, el bloqueador solar, los polvazales y alguno que otro lesionado, son otros elementos que completan la foto de la cabalgata.
En San Carlos, especialmente en febrero y marzo, pululan las fiestas de pueblo y con ello las cabalgatas, cronológicamente programadas para no competir entre sí, ampliamente divulgadas en el gremio cabalgatero y muy bien organizadas para asegurar la asistencia el año próximo, y con ello, garantizar el ingreso de recursos a beneficio de la comunidad.













Desde lejos siento el aroma, Señoras y señores, San Carlos es San Carlos, lo demás es pura loma!!!
Los esperamos en la 4ta Cabalgata de Altura… en el 2010, en San Vicente, Ciudad Quesada
Ah, qué linda nota! Ya me dieron ganas de ir a una cabalgata!!
yo siempre he querido estar en una..montada a caballo obvio! jajaja
buen reportaje. La verdad a pesar de no ser muy fanático a este tipo de actividades, prefiero mucho más las cabalgatas que los topes. Criterio personal.
Disfrutar de un paseo a caballo, junto a amigos, con paisajes donde solo a caballo se puede llegar, y lo mejor conocer mas personas es algo especial, siempre el licor anima, esperamos que este 7 de Marzo en San Josecito , el guaro no estrope la mayor cabalgata de Costa Rica, 1200 caballistas, lo esperamos conocer.
Este domingo 28/02 invitados a la 4ta Cabalgata de Altura, San Vicente 2010 http://www.sanvicentecr.org/2010/02/23/4ta-cabalgata-de-altura/