Baile al son del año nuevo
Por: Jose Gregorio Soro I 2 Jan 2009

El 2007 marcó un momento histórico para el pueblo sancarleño; el arte demostró su poder de convocatoria sin discriminar condición social, sexo o nacionalidad. El 2008 ha confirmado que no fue aquella una circunstancia especial o esporádica: los sancarleños disfrutan de eventos artísticos y se reúnen multitudinariamente cuando hay calidad de por medio.
La música es el principal motor del éxito reciente de actividades populares. El fin de año del 2007, con un concierto gratuito en pleno centro de Ciudad Quesada, tuvo su réplica en el cierre del 2008. Miles de personas se congregaron en el parque y alrededores, en una extensa fiesta popular de fin de año en la que niños, jóvenes y adultos mayores bailaron y cantaron hasta altas horas de la madrugada.
La Municipalidad de San Carlos, planteó esta cita, aun más ambiciosamente que la primera edición: más horas de música, mayor promoción y más organización respecto a seguridad y atención de emergencias.
El evento
Desde las 7pm del 31, hasta las 5am del 1º, así de inmensa fue pensada la actividad. Para ello cuatro grupos musicales y cientos de personas deseosas de celebrar.
Revelación abrió la jornada en un parque colmado de toldos y espacios que empezaban a llenarse de personas, mientras los parqueos y las calles aledañas estaban del borde del colapso. Este primer grupo musical, cargado de reggaetón, sirvió apenas para calentar los ánimos de una fresca noche de diciembre.
La Gran Orquesta inició con puntualidad su turno de las 9pm. Ya a esas alturas, la multitud había convertido la avenida y la calle centrales, en un salón de baile gigante y en el que los menores podían entrar. La salsa, el merengue y el bolero amenizaron a la perfección al público que ya antes, ha disfrutado de la calidad interpretativa de este grupo sancarleño, constituido en su mayoría por profesores de música.
Antes de la medianoche, la música cedió su paso al Himno Nacional, el Ave María (!?), las palabras del alcalde y el esperado conteo regresivo. El 5, 4, 3, 2 y 1 fue invocado al unísono por una muchedumbre en trance de celebración. Los habituales abrazos (y algunas lágrimas) llenaron los toldos y la pista (léase la avenida frente a la Municipalidad). Luego sobrevino el juego de pólvora, el mismo que fue decidido realizar vía sondeo en un medio de comunicación local semanas atrás. El atrio de la Catedral fue la base desde donde las luces brincotearon como pavoneándose frente a la torre del templo, en lo que parecía una descomunal danza entre la estructura y el fuego artístico. Los rayos vestían de distintos colores la iglesia, mientras la gente admiraba el espectáculo el cual luego, agradeció abundantemente con un generoso aplauso.
Son de Tiquizia, el plato fuerte de la noche, alimentó con ritmo a los comensales de la fiesta. La calidad de la agrupación, manifestada con amplitud en cada una de las piezas, fue reflejada con los movimientos de las parejas sobre la pista. Una descarga de tres horas en una mezcla de los éxitos que este grupo ha cosechado dentro y fuera del país, así como una selecta lista de canciones tropicales fue el menú que Son de Tiquizia ofreció hasta las 3am.
La bienvenida al 2009 cerró con el grupo sancarleño Son de Altura. Los más fiesteros que aguantaron baile, pólvora y lluvia, vieron el amanecer con este grupo de San Vicente, al son de cumbia, merengue, salsa y bolero, haciendo valer, por vez primera, la trillada frase del típico animador costarricense que pregunta “¿donde están lo fiesteros que se quedan hasta las 5 de la mañanaaaaa?”. Esta vez, la frase fue cierta.












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