Clint & Juanita: los amigos del pueblo
Por: AndresQuesada I 10 Jun 2009
En una mojada tarde de enero del 67, llegó una pareja de jóvenes estadounidenses al remoto y humilde pueblito que era La Fortuna en aquellos tiempos. Se trataba de 2 voluntarios del Cuerpo de Paz del gobierno de los Estados Unidos. Sus nombres: Clint y Juanita Kelley, un matrimonio con un fervoroso sentido de compromiso social y amor hacia el prójimo que los llevaría a convertirse en amigos vitalicios de esta comunidad y en los primeros -y únicos- norteamericanos con derecho a reclamar crédito como coprotagonistas de uno de los períodos más destacables en la breve historia de La Fortuna. Los Kelley, oriundos del estado de California en Estados Unidos, son un ejemplo rarísimo del tipo de seres humanos que sueltan todas sus aspiraciones personales y se embarcan en empresas locas, a hacer actividades en nombre del bienestar de un montón de desconocidos, redefiniendo lo que significa la ayuda y la amistad sin fronteras.
Recién graduados de la Universidad de Puget Sound en Tacoma, Washington, deciden los Kelley ingresar al Cuerpo de Paz como voluntarios (Clint, con la clara intención de no ser obligado a ir a matar gente a la guerra de Vietnam; Juanita, probablemente porque lo llevaba en sus venas (su madre, quien hoy tiene 100 años y goza de estupenda salud, fue una voluntaria de hueso colorado de su comunidad). Al cabo de su entrenamiento, son enviados a Costa Rica. Su estadía de 4 años en La Fortuna los convirtió en testigos y protagonistas de al menos dos eventos significativos en la historia del distrito.
Al establecerse en La Fortuna asumieron el trabajo de coordinadores, junto con don Antonio Serrano y otros miembros de la comunidad, en la construcción de la primera unidad de salud del distrito (el mismo edificio del EBAIS actual). Rápidamente se hicieron amigos de todos los vecinos de las calles polvorientas y pobladas por gallinas y caballos de aquella lejana Fortuna de 1967-1968. Los Kelley habían recibido entrenamiento por parte del Cuerpo de Paz para la creación de cooperativas de ahorro y crédito en zonas rurales; sin embargo, en eso no consistiría su ayuda luego del terrible lunes 29 de julio de 1968, cuando explotó el volcán. Durante varias semanas de exilio en Ciudad Quesada, esta pareja, de la mano con un grupo de fortuneños también exiliados, presionaron con éxito para que levantaran la orden -que estaba siendo ejecutada por miembros de la desaparecida Oficina de Defensa Civil- de mantener bloqueado el acceso al centro de pueblo. Una vez que todo volvió a la normalidad, tuvieron una participación fundamental en la creación y financiación de la Asociación de Desarrollo de La Fortuna.
Clint y Juanita, como los llaman con cariño los que tuvieron el gusto de compartir aquellos cuatro años con ellos, vinieron a inyectarle vigor a La Fortuna. Humildes, “maiceros”, radiantes de energía, pródigos en sonrisas y amabilidad, convivieron con los fortuneños como amigos y ayudantes. Fueron los guayacanes de las iniciativas de desarrollo, los promotores de las asociaciones de mujeres de la comunidad, los que impulsaban proyectos para el bienestar del pueblo uniendo a los campesinos y haciéndoles creer en sí mismos, en su capacidad para trabajar en grupo y hacer que las cosas salieran bien.
Y ésta, posiblemente, sea la mayor contribución de Clint y Juanita: haber conseguido que un grupo de campesinos quienes contaban con una preparación académica mínima, que vivían llenos de enredos económicos y abrumados por el pesado trabajo de sus fincas, se tomaran en serio la posibilidad de unirse y creer en su potencial como grupo y como individuos. Y buenas raíces echó esta confianza que los Kelley plantaron en la cabeza de los campesinos de entonces. La prueba está en que hoy La Fortuna es uno de los poquísimos destinos turísticos del país en el que el grueso de las empresas turísticas fue fundado y pertenece a los mismos lugareños.
Al volver a su natal California, ambos continuaron alternando sus trabajos particulares con numerosas causas sociales en calidad de voluntarios. Durante años ayudaron en una escuela de inglés para adultos inmigrantes de países de América Latina; Juanita se quedaba trabajando tiempo extra mientras ayudaba a los inmigrantes con sus trámites justamente migratorios, y Clint hasta hacía de consejero. Tal parece ser la naturaleza impetuosa de estas dos almas nobles: ayudar, y si queda más tiempo, seguir ayudando.
Clint y Juanita visitan La Fortuna por lo menos cada 3 años y cada visita es como una romería, pues hasta deben organizarse con una agenda para visitar todas las casas de esos amigos a quienes décadas atrás vinieron a ayudar.
¿Qué hacen ellos ahora?
Clint y Juanita tienen una bella parcelita en una zona rural de California conocida como Redwood Valley, cerca de un pueblo de nombre Ukiah. No muy lejos de ahí están los bosques poblados por los gigantes árboles sequoia (los más altos del mundo). Viven rodeados de una prodigiosa huerta de vegetales orgánicos que ellos mismos siembran y donde cosechan frambuesas, peras, manzanas, cebollas, 15 variedades de tomates, chiles de todos los colores, berenjenas, apio, en fin, todo lo que se puede comprar en una buena feria.
Este artículo se publicó simultaneamente en el Periódico Fortuna Actual













éxitos con el proyecto del periódico
los recuerdo con mucho carino y amor graCIA A UTEDES TENGO MI PIE ISQUIERDO QUE ME DIO TODO. GRACIAS A BECAS DEPORTIVAS POR MI DESEMPEÑO EN DEPORTES. LOS AMO Y QUIERO SABER DE USTEDOS Y GRACIAS POR FORMAR A NESTROS LIDERES EN ORGANIZACION DE UN PUEBLO USTEDES SEMBRARON LA SEMILLA DE LO QAUE HOY ES LA FORTUNA.