Por cosas de la vida tuve la oportunidad hace unos años de ir al tope de las famosas fiestas de la Cámara, lo hice más como guía turístico que por placer pero igual me apunté a la experiencia, porque nunca está mal conocer cosas nuevas, lo malo está en que algunas le queden gustando.
La idea del tope, o más bien su gracia, nunca la entendí. Si un extranjero no conocedor de nuestra cultura lee esto habría que explicarlo como un gran desfile de caballos, montados por vaqueros (y uno que otro que simula serlo sólo por ese día) que transcurre por una calle, y esta calle repleta de espectadores a ambos lados, que aunque sepan poco o nada de caballos, disfrutan del espectáculo de ver pasar y pasar y pasar caballos con jinetes, evidentemente todos vestidos para la ocasión, pantalón jeans, camisa de cuadros y sí se logra botas de cuero, mínimo unos hitec.
Para eliminar la monotonía de tanto caballo con montador semiebrio siempre acomodan a la reina de las fiestas con sus respectivas damas de compañía liderando el desfile, sumando un cantante de rancheras, mal vestido como charro y montado en un caballo, cantando estilo karaoke ayudado por los parlantes que lleva el carro que lo sigue.
Es parte de la cultura sancarleña una vez al año, ayuda a mantener la imagen que tenemos ante el resto del país, donde todos se visten de vaqueros y van a aguantar calor unas horas a Muelle, siempre con dos ideas: primero, encajar con todo el grupo de amigos que fijo se apuntan, y aunque ninguno sepa nada de caballos es seguro van a llevar el pickup con las cervezas; y segundo, para aprovechar la excusa del calor de la tarde, y en la noche poder ir a alguna de las tarimas (que ahora parecen ser tan dañinas como las minas en Crucitas pero en el río San Carlos) y ahí seguir con la fiesta que ya empezaron, y me parece bien que la disfruten, de todas formas al final, el lunes todos vuelven al trabajo o al estudio y siguen con sus vidas, porque sí, hay vida aún más allá de las fiestas de la Cámara.
No estoy en contra esto, sólo no me parece para mí, por eso digo sin ningún dolor o remordimiento, este año me perdí el tope.




Felicidades, me parece excelente su observación, estoy totalmente de acuerdo con usted, la mayoría de personas que asisten al tope van a simular lo que no tienen y aparentar ante todos vestidos de vaqueros aunque sea la única camisa baquera que tengan en el closet.